El juego digital no elimina el soporte físico; desplaza su coste al consumidor
Hace ya cuatro semanas que Sony anunció el fin de su formato físico. En efecto, a partir de 2028 no veremos juegos de PlayStation ni seguramente de Xbox en tiendas de videojuegos. Parece ser que en lo que queda de década, Nintendo será la única plataforma que seguirá vendiendo juegos en formato físico. Todo apunta a un futuro, más próximo del que a muchos nos gustaría, que va a pasar por descargar licencias de juegos digitales a costa del abandono del CD y el cartucho.
Lo que me cuesta de ver es cuán digital es este formato. Porque en realidad, necesitamos un medio físico para poder sostenerlo. Cojamos el caso de PlayStation. Esta trae un SSD interno para instalar juegos. Como es normal, su memoria es limitada y aunque parezca amplia (835 GB la edición digital), también es cierto que muchos juegos ocupan muchísimo espacio. Por ejemplo, un juego del calibre de God of War Ragnarök ocupa una décima parte de esa memoria. Ni hablemos de lo que ocupará el nuevo GTA. De modo que si quieres tener más de diez juegos, algo bastante normal en un jugador estándar, te tocará o bien borrarlos de la memoria o bien aumentar la memoria interna instalando un SSD M.2. También puedes guardarlos en un SSD USB externo o en un disco duro USB (HDD), aunque eso no te permitirá jugar directamente en la consola. En cualquier caso, el coste aumenta y hace falta un soporte físico. Para Xbox Series X|S la situación es parecida, siendo la equivalencia en este caso el uso de tarjetas de expansión.
Lo mismo ocurre en Switch 2 y la necesidad de una tarjeta microSD Express. Esta, debido a una cultura más arraigada al formato físico, parece que mantendrá el soporte en toda la generación. Sin embargo, la necesidad de un soporte físico extra es más que evidente no solo si optas por el formato digital, sino también por las mal implementadas Game Key Card (cartuchos que permiten una descarga digital al insertarlos y requieren que estén insertados para jugarlos). A pesar de que, a excepción de Pokémon Pokopia, todos los juegos first party son completamente físicos (es decir, incluyen el juego en el cartucho), un gran número de compañías de terceros usan descaradamente las Game Key Card para vender sus juegos, a pesar de que podrían usar perfectamente una Game Card estándar. Podemos aceptar que Final Fantasy 7 Remake venga en este formato, puesto que se necesita tanta memoria que no cabe en un cartucho. Pero el resto de juegos de Square Enix sigue la misma estela. Ver a Octopath Traveller en este formato es doloroso. Lo mismo con Resident Evil Requiem de Capcom, el futuro Rayman Legends Retold de Ubisoft… y la lista sigue.
Esto me lleva a sacar varias conclusiones de cara al momento en el que desaparezca del todo el formato físico. La primera es que el soporte físico sigue siendo necesario. Pero mientras antes comprábamos un videojuego que nos pertenecía, el mundo digital nos ofrece una licencia de uso. Y ese soporte físico es una especie de cartucho libre en el que meter esa licencia, ya sea en una tarjeta microSD Express o un SSD M.2. Más allá de eso, el coste de este nuevo formato físico existe y seguirá existiendo. Solo que antes lo asumía la empresa de videojuegos y lo pagábamos al comprarlo, mientras que ahora la carga está en nosotros, que tendremos la necesidad de un almacenamiento externo adicional si queremos mantener nuestro catálogo de juegos en la consola.
El futuro del formato físico en los videojuegos es más oscuro que nunca, y se presenta mucho más complicado que en la música y el cine. Hay muchas empresas que fabrican tocadiscos y reproductores de DVD, pero Nintendo, Microsoft y Sony tienen el monopolio en la fabricación de sus reproductores de videojuegos. Pero hasta que ese momento llegue, seguiremos disfrutando de meter nuestros discos y cartuchos en la consola.